LAS CUEVAS


El material expuesto en este museo, pertenece a la familia Pérez-Maciá. El trabajo fue hecho artesanalmente por ellos mismos... en una Cueva situada el Barrio de la Salud de Crevillent que sirvió de vivienda a sus propietarios desde 1900 hasta ... En la actualidad la cueva sigue en pie, frente a la misma Ermita de Nuestra Señora de la Salud. Las cuevas o cavidades subterráneas excavadas en el terreno de forma natural o artificial, para ser utilizadas por viviendas, aparecieron a mitad del siglo XVIII en el Sudeste de la Península Ibérica, sobretodo en la cuenca del Mediterráneo. La climatología, el terreno a base de materiales sedimentarios y la pobreza poblacional contribuyeron a la proliferación de las cuevas viviendas, de menor coste que las casas.


Crevillent, está situada en el Sudeste de España, a los pies de la Sierra del mismo nombre. Abrazada a ella nos encontramos con un cinturón de cuevas trogloditas que se extienden de Oeste a Este, desde el Paseo del Calvario hasta el Barrio Cendra, en la zona Norte de la villa. Unos 365.000 m2 donde conviven viviendas modernas y ancestrales. La primera referencia del número aproximado de las cuevas trogloditas de Crevillent, es de 1784 registrando en esta época más de 336, una tercera parte de casas. La construcción de cuevas, tuvo un aumento progresivo durante los siguientes años, llegando a registrarse 1.366 cuevas en 1950. Casi la mitad de la población habitaba en cuevas.


La necesidad de vivienda para una extensa población con bajos recursos económicos en el siglo XVIII, fueron detonantes para que los pobladores buscaran abrigo utilizando los pocos recursos que tenían a su alcance. El medio geográfico de la ciudad, brindó condiciones inmejorables para la construcción de esta clase de viviendas. Los numerosos barrancos, de cauce poco profundo y escaso caudal, bordeados de laderas con materiales impermeables y fácilmente moldeables que permitían aislar la humedad y regular la temperatura interior, favoreció la construcción de las cuevas de Crevillent, entre una clase social baja- media, desde principios del siglo XVIII.


La población dependiente básicamente de la agricultura, afectada por la sequía, contribuyó al desarrollo de las labores del esparto. Un informe del administrador del Marqués de Elche de 1739, refleja la elaboración de las esteras comunes y cosido de pleita para la venta de las mismas de los habitantes que no podían vivir de la agricultura, a causa de la falta de agua de riego. Era tal la importancia y cantidad de las edificaciones de cuevas y viviendas en el Norte de revillent, que la construcción de la Iglesia Nuestra Señora de Belén, inaugurada en 1828, se orientó hacia donde se encontraba el principal núcleo de la población, de cara a la sierra, dando la espalda a la parte sur de la ciudad.


Hoy en día se encuentran en contacto con el casco urbano, pero no siempre fue así, pues el núcleo de la población se encontraba alejado de las mismas, hasta que la urbanización de las calles, las acabaron conectando. Hoy en día, algunas se encuentran incluidas dentro de él. Los barrios ocupados por estas viviendas trogloditas eran muchos. Así Llorenç, Macha, Baiona, El Barranquet (La Salud y el Ángel) eran las que más cuevas agrupaban, pero también podíamos encontrar en El Calvario, El Marchantero, Carretas, Cendra, Colón, Barrio del Hospital, Perdigonera, Planelles, La Rambla, Vereda del Hospital…. y Les Canyaetes, zonas rurales en las que se excavaba el terreno y poder guardar material agrícola e incluso para ser utilizadas como segundas viviendas. La posición de las cuevas en los diferentes niveles del terreno, identificaba el estrato social de sus propietarios, así, cuanto más al sur y cercano al núcleo urbano se encontraban, el estatus de sus habitantes era más alto. Esto es debido a que se consideraba que las cuevas aquí excavadas poseían mejores condiciones térmicas y mayor cercanía a la población y por tanto, a sus servicios.


Entre los dos consiguieron hacer un sinfín de cosas, cada una más bonita que la otra, con esparto y otros materiales, como el yute, la lana, hilo y albardí. Guardaban y ordenaban cada una sus creaciones con muchísimo cariño e ilusión, fue aquí donde empezó a cobrar vida la “Cueva Museo de Antonio y Matilde”. En la vida, conoces a muchas personas, y solo a través del tiempo que pasas a su lado, las puedes conocer de verdad.


La estructura habitual de las cuevas, permite distinguir entre varios tipos: En primer lugar, aquellas que sólo constan de los habitáculos excavados en la tierra, y aprovechando el exterior de la misma se establecen replacetas. En segundo lugar, las que incorporan un patio cerrado o acotado, aprovechando el terreno delantero, utilizándolo como jardín conejeras o gallineros, o con edificaciones destinadas al aseo y cocinas. Además, las hay que aprovechan sus patios delanteros, han adosado edificaciones , en ocasiones de doble planta. Estas nuevas construcciones, cuando son suficientemente grandes, relegan a un segundo plano la cueva y ocultan a la vista la existencia de su origen troglodita. Por último hay que señalar la existencia, en raras ocasiones, de las Cuevas con Patio Interior que proporcionan luz y ventilación natural, y que han sido excavadas normalmente al fondo de las mismas.


En sus orígenes, dependiendo del nivel económico de sus propietarios, las fachadas podían ser recubiertas de cal blanca o dejaban a la vista el material natural sin ornamentación. No presentaban muchos vanos, así lo normal era encontrar además de la puerta, una o dos pequeñas ventanas (en algún caso, sin ventanas). Con el fin de ventilar las dependencias de las cuevas, permanecían abiertas durante el día y para evitar la penetración del polvo, las puertas se recubrían con la popular persiana de pleita, hasta que fueron sustituidas por las persianas de madera o plástico. Para ayudar en la tarea de renovación de aire, en algunas viviendas aparece la “llumbrera” o tragaluz que se sitúa en la habitación más alejada de la puerta y que consiste en una abertura al exterior desde el techo. El tragaluz es protegido con telas metálicas para evitar la incursión de elementos extraños al interior de las viviendas. En su exterior, asimismo, y sobre el techo, sobresalen las chimeneas.


En el interior de las cuevas, encontramos una estructura similar en todas ellas, aunque con tamaños distintos, en función de distintos factores y del nivel económico de los primeros edificadores. Desde la puerta de entrada, damos paso a un comedor, que sirve a su vez de vestíbulo. Desde el mismo, se excavaban las demás habitaciones a los lados, y al fondo, una más grande, en la que se sitúa el tragaluz. El resto de habitaciones son usadas como dormitorios. Cerca del exterior, en las habitaciones con ventilación, se situaba la cocina y los aseos. En algunos casos estas dependencias se edificaban exentas en patios o en cobertizos. Los techos son de bóvedas de medio cañón, que se apoyan en pilastras adosadas al muro, hechas con el mismo material de excavación. Las paredes, inclinadas ligeramente, están encaladas o recubiertas de algún material protector y el suelo está adornado con baldosas hidráulicas, aunque no siempre fue así. Con el progreso, las mejoras de las mismas, han contribuido al bienestar, la higiene y a mejorar el prestigio de sus dueños.


Una característica de las cuevas de Crevillent y diferente al resto de las cuevas de la provincia de Alicante, es la existencia del cuarto de hilar, más largo que los demás, que se situaban al fondo de la cueva. Esta peculiaridad refleja la arraigada producción espartera de nuestra tierra.A partir de 1.950 la tendencia comienza a cambiar y se empiezan a urbanizar avenidas amplias y rectas, contribuyendo al tráfico rodado de la población. Tuvo muchísima importancia la construcción del actual Mercado de Abastos, que se inauguró en 1949, y que propició la construcción de nuevas edificaciones de viviendas en zonas más llanas. El Plan General de Ordenación Urbana de 1967, prohibió de forma oficial la excavación y reparación de las cuevas, hecho que hizo disminuir progresivamente su construcción.


Art. 27 del Plan de Ordenación Urbano 1967: “En todo el término municipal está prohibida la construcción de cuevas-habitación, declarándose a extinguir las actualmente existentes, de tal forma que se prohíben las reparaciones de todo tipo de las mismas”. A consecuencia del nuevo plan urbanístico y el interés de modernización y urbanización de Crevillent por organismos financieros (Caja De Ahorros Provincial de Alicante), se comienzan a destruir cuevas y construir edificaciones basándose en la necesidad de contar con mejores condiciones higiénico sanitarias. Es así como aparecen los altos edificios situados en el Fondo del Calvario, rodeado de cuevas y casas de una o dos plantas. En otros barrios, como la Salud y El Angel, se amplían avenidas con la intención de encauzar un barrio hasta el momento típicamente tortuoso y a adecuar las fachadas a las nuevas necesidades urbanísticas.


Afortunadamente, la negativa de sus propietarios y la gran cantidad de cuevas existentes hicieron imposible la demolición y desaparición masiva de las mismas. Un Nuevo Plan Urbanístico aparecido en 1982, el PERI (Plan Especial de Reforma Interior) arroja una lanza en favor de la reforma tanto interna como externa de las mismas y la habilitación de infraestructuras sanitarias y estéticas necesarias para su readaptación. Por fortuna, en algunos casos podemos contemplarlas, puesto que fueron dejadas en herencia a sus descendientes que hoy en día todavía disfrutan de ellas, y en muchas ocasiones, se encuentran en perfectas condiciones. En otros casos, sin embargo, la negligencia de sus rehabilitadores, el desinterés de los propietarios e incluso de la administración pública, hacen peligrar la supervivencia de una parte de nuestro patrimonio, privando a nuestras futuras generaciones de la contemplación del singlar y típico paisaje dieciochesco de Crevillent.


Las cuevas hiladoras
Manel Carreres y Rodríguez, Investigador e Historiador, en su escrito “Coves Vivenda i Coves Filadores a Crevillent” dedica un apartado a la existencia de las cuevas en las que se llevaba a cabo la actividad del esparto. De él se extraen interesantes reflexiones, pero sin duda, la más destacada es la referencia al endemismo de las “Cuevas” y “los Hiladores” que habitaban en ellas. Así es, en cuevas de Crevillent, además de vivir, se transformaba el esparto, principal protagonista de este trabajo, en multitud de artículos de hilo …cordelería, capazos, alpargatas, sombreros y sobre todo, esteras. Aquellas que dieron origen a la definición de una población consagrada a la confección de las mismas, las que conformaron toda una sociedad y contribuyeron a su evolución hasta convertirla en la Ciudad de la Alfombra.


Tanto en el interior como en el exterior de las cuevas, se refleja el trabajo de hombres, mujeres y niños alrededor del esparto. En ocasiones, existía una habitación hiladora situada al final de la cuevas, más grande que las demás, que permitía trabajar a temperaturas más agradables, que en el exterior de las mismas, donde se encontraban las ruedas de menar. Proliferaron además los talleres de Hiladores, compuestos por una Cueva de Hilar , utilizada básicamente para su trabajo y para el almacén de los útiles necesarios y una amplia explanada delantera, en la que se situaba ( si el patrón del taller se lo podía permitir) una especie de porche que protegía del sol a los trabajadores que trabajaban en las ruedas de menar.


EEn muchos casos, además, contaban con una segunda cueva no conectada con la principal , que era usada para guardar el animal (normalmente un burro) que servía para hacer de transporte en caso necesario. Es así como surgen las primeras colonias obreras de la Filasa Crevillentina, que fueron desapareciendo a consecuencia entre otras, de causas relacionadas con el desarrollo industrial de la alfombra o con la aparición de nuevas fibras sintéticas. En 1965 se produjo el cerramiento de todos los talleres de hiladores, lo que produjo su emigración hacia países como Alemania y Francia. Los talleres de Hiladores se extendían por toda la parte norte de Crevillent, de Oeste a Este, además existían ruedas hiladoras (Roes de menà) en muchísimas casas de particulares, como las de la familia “del Danielet”, “el Tío el Manolo el Nyora”, “Els Belsos”, “El Fermin” el ”Bouet”, “Els Carrerons”