ESPARTO EN CREVILLENTE


EEn el Crevillente Medieval la producción artesana de estoras de esparto y junco suponía el principal sustento de la población, prueba de ello son los comentarios de varios cronistas e historiadores 1. Así, el cronista Monsén Pedro Bellot 2 revela en sus “Anales de la Historia de Orihuela” un Convenio del año 1411, por el que se permite el tránsito de los ganaderos de Orihuela, por las tierras de Elche y Crevillente, a cambio de que sus habitantes, mayormente moros, pudieran segar el junco utilizado en la producción de estoras, en las zonas pantanosas situadas entre los ríos Vinalopó y Segura.


De hecho, en 1562, el cronista Viciana 3 revela que en el Crevillente Medieval, existían novecientas almas, que producían más de 12.000 piezas de junco de gran colorido en 40 “botigues” destinadas a cubrir tanto suelos como paredes. Completando la información anterior, otro historiador, Escolano 4, detalla que la confección de esteras de Esparto se destinaba a las viviendas menos pudientes, y las de junco, además de destinarse a esferas de mayor nivel económico, eran exportadas por los moros crevillentinos.


Tras la expulsión de los moriscos en 1609, la población crevillentina se redujo de 1800 habitantes a 873 (tal y como figura en los censos de población absoluta de 1563 a 1981 publicados por el profesor Heri Lepeyre y la Geografa Blaviana ). Esta reducción poblacional supondría la disminución de la producción artesanal de esteras de junco, pero no eliminaría la tradición artesanal de nuestras tierras.


Un informe de 1739 del administrador del Marqués de Elche, destaca la abundancia de esparto en nuestra sierra y su utilización en la elaboración de “esteras comunes” con cosido de pleita, y de “esteras finas de junco” , para su venta en toda España y otros reinos.


Su producción y venta suponía una necesidad vital para el sustento de la población como alternativa a la maltrecha agricultura, que subsistía con dificultades, debido a la escasez de agua de riego y a las condiciones tributarias impuestas por la Casa de Cárdenas.


De los documentos que figuran en El Archivo Municipal de Elche, se desprende la producción aproximada de esteras de Junco y de Esparto, siendo la primera de menor producción que la segunda. El importe de los impuestos satisfechos por una actividad y por la otra así lo demuestra. De finales del siglo XVIII, se sabe también por los mismos medios, que la mayoría de la población se dedicaba a actividades agrícolas, destacando la falta de registros de la mano de obra femenina, que suponía una parte importante de la producción de la época. Los beneficios obtenidos por las ventas, se utilizaba para la adquisición de actividades agrícolas. Por primera vez aparecen documentos que revelarán los saladares de la comarca como proveedores del junco empleado en su manufactura.


El profesor Cavanilles 5 concreta con datos económicos, la importancia de la producción de estoras en nuestra villa, con un mínimo unos 2,450.000 m. de varas de pleita, fabricada especialmente por personal femenino y por hombres que carecían de trabajo en la agricultura. Así mismo, comenta haber visto crevillentinos vendiendo Esteras finas de Junco con el nombre de “Tapis de l’Espagne”, durante su estancia en París, evidenciando así la actividad internacional de nuestros antepasados. Durante el siglo XIX, la artesanía crevillentina, sufrió dificultades como consecuencia de las diferentes revueltas y situaciones políticas, pero siguió resistiendo. El Ayuntamiento de Elche en una Carta a la Diputación Provincial de Valencia, confirma en 1838 la emigración de los trabajadores que se empleaban en las fábricas y tráfico de esteras y felpudos como consecuencia de la disminución de su consumo. Así pues, se evidencia la costumbre de “Estorar” en las calles de las capitales (Valencia, Madrid…) Un ejemplo de ello es la referencia que Teodoro Llorente, hace en “España, sus monumentos y sus artes” de los pleiteros de Crevillente, en las Calles de Valencia.


En 1860, en la Exposición celebrada en Alicante 6, Crevillente aparece exponiendo esteras de junco, pleita de filet de esparto, en la sección de industria . Casi unos 20 años más tarde, Monbeig señala la paulatina desaparición de estera fina de junco y de pleita, siendo sustituidas a partir de 1868 por las esteras de filet, de gran éxito comercial. Se habla de gran número de fábricas de esparto para la elaboración de pleita y alfombras de cordoncillo de paja, tejidas con juncos de varios colores. El cordoncillo sin duda es el filet utilizado para las esteras, señalando la Huerta de Alicante, (Campello, Muchaiel, San Juan, Aldeas del Campo de Alicante, Santa Pola..) como proveedores de los fabricantes crevillentinos.


A causa de la reducción a propiedad privada de los montes comunales, la competencia del esparto argelino y sobre todo la sustitución de otras fibras como la Pita y el Sisal, que eran importadas desde finales del siglo XIX de la India y Mozambique, respectivamente.


En los primeros años del siglo XX, los telares eran de madera, y se fabricaban en Crevillent. La gran mayoría de ellos se destinaban a la fabricación de esteras de esparto, seguidas por las de junco, aunque ya empiezan a aparecer los primeros telares mecánicos. Estos, de fabricación alemana, procedían de las industrias textiles de Alcoy, Sabadell y Tarrasa, que adquiridos de segunda mano, eran readaptados por los crevillentinos para la fabricación de tejidos mucho más gruesos. En los años veinte Crevillent sería el núcleo peninsular de la elaboración de esteras y artículos de esparto, dando lugar a la expansión de estereros por toda España (7) La utilización de telares manuales alcanza su gran plenitud, gracias a la utilización por parte de los fabricantes tradicionales y a la gran cantidad de pequeñas empresas que los utilizan. De esta época, perdura el edificio de la Fábrica Gran perteneciente a Augusto Mas Quesada, situada en la Rambla Castelar.


En 1925, se aconseja la fabricación de las alfombras de lana, aunque la fabricación en esparto todavía suponía anualmente la utilización de 3.000 toneladas de esparto y 100 toneladas de junco. De forma paulatina fueron siendo reemplazadas por la fabricación de la pita, el filet de esparto y el yute (terciopelo ruso) y felpillas de coco. La pita en rama y el cáñamo se utilizaban para realizar redes de pesca (300 toneladas anuales), que se redistribuían a través de la población costera de Villajoyosa. La mayoría de las fábricas eran de origen familiar y en los años cuarenta alcanzaron su máximo esplendor, reduciendo la utilización de telares manuales, en beneficio de los telares mecánicos. El sistema de Jacquard se usaba desde 1925, pero el dibujo y el colorido de las alfombras se efectuaba a pistola (estampación aerográfica), pues era más económico y perduró hasta los años sesenta.


Durante la postguerra (después de 1940), las condiciones económicas, refuerzan un resurgimiento y auge de pleiteros, mientras decrecen los industriales y los tejedores. La industria alpargatera representaba el segundo recurso de la industria crevillentina. Así en 1940 alcanzó su esplendor, con 790 obreros registrados, que fueron disminuyendo a más de la mitad en 1966, quedando todavía censadas unas 19 empresas, la mayoría de ellas con menos de diez empleados. En los sesenta, se produce la segunda modernización de la maquinaria, y los telares automáticos, se fabricaban por belgas e ingleses exclusivamente para el tejido de alfombra ( Wilton Liso y Wilton Jacquard, Gripper Axminster Jaqard y Gripper- Spoo, Tuftinl). Estos modernos telares automáticos, duplicaban la producción diaria de los telares mecánicos, reduciendo así mano de obra necesaria para la elaboración de las modernas alfombras. Así en los años 70, se llegó a la existencia de 88 fábricas de alfombras con más de 3.000 obreros.


Mientras que Crevillent sigue siendo la ciudad española con mayor concentración de empresas alfombreras y con un nivel de crecimiento de empleo mucho mayor al registrado en otras ciudades, como Barcelona, Badalona, Sabadell y la Zubia, Albaida, Hospitalet, Madrid , Villatuerta y Caudete. En algunos casos, estas ciudades tienen su origen en los industriales crevillentinos. Indudablemente esto fue acarreando la disminución de fabricación de pleita y estera, cuya producción era estelar en 1925. La pleita era trabajo exclusivo de mujeres de edad, en muchos casos viudas. Los estereros eran tanto hombres como mujeres y se ubicaban básicamente en las cuevas de Crevillent. La mano de obra y la materia era barata, pero la competitividad y las exigencias de la modernización, hicieron disminuir el consumo tradicionalmente artesanal.


Con la apertura de los mercados y el reajuste económico del Gobierno, decretado en 1959, en su llamado Plan de Estabilización, se produjo una rápida desaparición de los “Hiladors i Menadors” que se situaban en la zona troglodita, produciéndose un trasvase de estos oficios a los nuevos aparecidos con la modernización de la industria alfombrera. Pero no se debe olvidar que la red de ventas configurada por los antiguos estereros de pleita y junco, Madrid, Barcelona y Bilbao , o Valencia y Sevilla en menor medida, siguió extendiéndose a nivel nacional. En cuanto a la exportación internacional, Crevillent, tenía que enfrentarse a la fuerte competencia de las alfombras belgas, inglesas y alemanas, tarea bastante difícil. Sin embargo, eso no impidió que nuestras alfombras viajaran a finales de los años 60 a Italia, Reino Unido y Francia, en mayor proporción y a otros países como Alemania, Estados Unidos, Australia, República Sudafricana, Japón, Canadá o Arabia, por ejemplo.


La industria Alfombrera ha sufrido altibajos, pero sigue resistiendo los avatares tecnológicos y competencia económica y productiva de otros países y desde 1994, la Unión Nacional de Fabricantes de Alfombras, Moquetas, Revestimientos de Industrias Afines y Auxiliares, certifica la Calidad de nuestras alfombras con la Marca “ALFOMBRAS DE CREVILLENT”.